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20 abril 2010

¿Amistad entre el hombre y la mujer?


Controversial tema si lo hay, es esta cuestión de la amistad entre los diferentes sexos. Los discursos varían entre lo que dicen los hombres al respecto, lo que opinan las mujeres, y de acuerdo al caso a caso.

Según elaboradas encuestas, en resumidas cuentas, las afirmaciones son dos:

1-No existe la amistad entre el hombre y a mujer. Cuando dos personas de géneros opuestos entablan amistad puede ocurrir que:

*Alguna de las dos partes se “confunde” o se enamora de la otra, y la cosa estalla en algún momento de ebriedad

*Tarde o temprano ambos caen bajo la sombra de la tentación y la historia termina en algún encontronazo sexual no planificado, generalmente producto del exceso etílico, y el posterior arrepentimiento matutino.

2-Existe la amistad entre el hombre y la mujer. Estas personas afirman que poseen amigos/as y que nunca se les pasó por la cabeza hacer nada que esté fuera de los marcos del compañerismo.

Por si o por no, la temática se hace históricamente interminable. Aquí, algunos testimonios:

Juan: Pasa que los hombres le dan a cualquier cosa que se dé la vuelta. Las mujeres en cambio piensan más en no arruinar la amistad.

Cintia: Yo los únicos amigos que tengo son los amigos de mi novio. Ni bien me peleo, no dejo títere sin cabeza…je!

Gonzalo: Es que… depende la amiga. Si esta buena, ya desde el principio que no la veo como amiga ni en pedo. Se aprovechan muy bien los momentos de debilidad en esos casos.. vos viste…

Alexandra: Si, existe, pero cuando la cosa se hace más íntima, siempre es importante probar cositas nuevas…

Ailín: Obvio que existe la amistad entre el hombre y la mujer. Pero tenés que buscarte uno que sea gay, porque si no… para los tipos cualquier hoyo es trinchera.

Sigmund: La cuestión erótica siempre está. Y la mujer… bueno, se le complica a ella, vos sabés que la envidia del pene lleva a…

Carlin: y… amigos son los amigos!

Franco: Yo tengo muchas amigas, y nunca hice nada con ninguna. Yo le soy fiel a mi novia, a ella la amo y no me interesan las relaciones pasajeras, me parecen superficiales.

Sandra: La verdad, yo tengo un solo amigo, que es el novio de una amiga. Y con Franco todo bien, nunca haría nada. Además, es más fiero! No sé qué le pasa a mi amiga…

Roberto Carlos: ¡Claro que existe!. Yo tengo un millón.

El asunto no se agota y las confusiones persisten. Quizás, allá en el tiempo las parejas y las amistades dejen de ser una cuestión de propiedad privada y la anarquía sexual se imponga, quizás no. Lo importante es que por ahora el tema nos sigue sirviendo como excusa de noches largas para el desfile de porrones en algún bar y las más insólitas conversaciones que nunca se acaban.

25 marzo 2010

Ana y Mia


“Porque la comida es como un arte…existe solo para mirarla”

Dos princesas, Ana y Mia, impulsan a no comer, a la delgadez extrema, al fetiche del hueso, a la compulsión sobre el peso, las balanzas, las medidas, la cantidad de calorías, los vómitos auto provocados. Inconmovibles amigas que llevan, lenta y horriblemente, al destino de la muerte.

Así se bautizó a la anorexia y la bulimia, Ana y Mia, re-nombres que permiten decir lo innombrable de estas enfermedades, y dan lugar al despliegue de las hadas, las libélulas, las mariposas, seres livianos y hermosos, como Ana y Mia, diosas eternamente delgadas, a toda costa.

Las páginas webs pro-Ana y pro-Mia abundan. Consultorios improvisados que aconsejan cómo ser anoréxicas eficientes o buenas bulímicas. Atroz necesidad de buscar la manera de encajar en un mundo donde el estereotipo de mujer nunca somos las mujeres. Donde las exigencias no terminan nunca, donde los ideales se corporizan “livianos” e inalcanzables.

Es curiosa y triste la imagen que devuelve el espejo, que no alcanza, inagotable, y que pide más y más del “vivir para morir”, cuando es la estética superior a la salud, hasta que la estética se pierde y deviene lo morboso.

Ana y mía, que sólo contemplan la comida por su belleza, devuelven esa cuestión obscena que intenta representar a las mujeres como arte: “sólo para ser miradas”. Alto costo tasa a las mujeres en ese intento, privándonos de la palabra, exigiéndonos ser objetos deseables, sin maneras de pensarnos más allá de hadas y mariposas, que dejan de ser metáforas para sintetizarse en lo real nuestra carne…

Alto costo…




11 marzo 2010

Sobre gustos y colores sí hay algo escrito

"Preferible que sobre, y que no falte" ecuación que nunca se aplica, entre los gustos masculinos, en lo que a dimensión corporal de la mujer se refiere.

Siguiendo los prejuiciosos rótulos que los hombres sugieren a la hora de hablar de ellas, y dependiendo de si colaboran o no a la fuerza de la gravedad sobre la masa, las mujeres se clasifican en:

1-Flacas: su peso equivale a su estatura física menos 1 metro y 20 centímetros. Aplicada la ecuación en una mujer adulta de 1,60 mts de estatura, sería:

1,60 mts - 1,20 mts = 40 kilos (Flaca)

2-Gordas: Peso de la gorda es equivalente a la estatura de la misma sin la coma. La ecuación aplicada a la mujer de 1,60 mts:

1,60 mts - coma decimal = 160 kg (gorda)

3-Pulsudas: Peso igual a la estatura corporales menos 1 metro, relativizado. Aplicando la ecuación, adulta mujer de 1,60 de estatura:

1,60 mts - 1,00 mts = 60 kilos.

* Relativización: 10kg de tetas - 10 kg + 40 kg de cola de resto físico = 60 kilos (pulsuda)

La pregunta se hace evidente: Los hombres ... ¿cómo las prefieren?

Dentro de la apreciación masculina, si bien entre las flacas y las gordas hay un abismo de diferencia (120 kilos) las pulsudas, en cambio, vendrían a ser un híbrido muy conveniente entre ambas.

Además, dentro de cada clasificación, pueden hacerse clementes consideraciones agregando un diminutivo al sufijo: flaca, "flaquita" gorda, "gordita"; pulsuda ", pulsudita". En este último caso, por lo general, el público viril prefiere simplemente la acepción "pulsuda" con todas las letras, y mientras más ronca la voz al proclamarlo, mejor.
Dependiendo de la situación, los hombres también agregan sustantivos calificativos al concepto. Por ejemplo:
-Situación de repudio: gorda deforme, flaca chuza, pulsuda pulsuda (la pulsuda no tiene situación de repudio)
-Situación de aceptación: gorda piola, flaca chura, pulsuda pulsuda (la pulsuda es aceptada simplemente por su condición de pulsuda).

Se reconoce también en los hombres cierto vocabulario extenso sobre sinónimos en dichas categorías:

-Gorda: gruesa, vaquillona, ballena, tanque, barril, dejalospostres, rechoncha, rolliza, matambre, Mundo Marino, detodomenosupa, chancha, etc, etc, etc
-Flaca: hilacha, escuálida.
-Pulsuda: camión, bebé, chequeta, mamita, seeee, bombón, ay mi viiida, diossanto, etc

Hechas las respectivas consideraciones, estamos en condiciones de contestar a la pregunta que nos acongoja: Los hombres ... ¿cómo las prefieren?

La respuesta es sencilla: Pueden meterse las clasificaciones, caracterizaciones, metáforas y preferencias en el centro del mismísimo asterisco, y con la mano desocupada calcularse el área de la panza porronera allá lejos muy muy lejos, donde se enchufa el sol, a la vuelta, y con el mismo entusiasmo ...

Moraleja: Mujeres ... amemos esos kilitos de mas, que nuuuunca están de maaas!

06 marzo 2010

Excusas de los hombres para terminar una relación (según el perfil psicológico)


1-Sos mucho para mí. Te mereces algo mejor (El baja-autoestima)

2- Estoy confundido. Necesito tiempo para pensar (El poco original)

3-Te quiero, pero como amiga (El Roberto Carlo)

4-Necesito estar solo (el autista)

5-Es mejor pelearnos antes de que terminemos mal (El precavido)

6-Soy agorafóbico (el creativo)

7-Ponete en mi lugar… (El narcisista)

8-No sos vos, soy yo. (El Diego Peretti)

9-Deberíamos habernos conocido dentro de dos años (El proyectivo)

10- Mi mamá adoptiva no te quiere (El adoptado)

11-Tengo una enfermedad terminal (El hipocondríaco)

12-A mi me duele mucho hacer esto, pero… (el masoquista)


PD: cuando un hombre te pide espacio, dejalo afuera…

26 febrero 2010

Confesiones de una mujer adulta


Resulta que de chiquita siempre esperé a mi príncipe azul. Y digo “a mi” porque pensaba que toda mujer tendría rondando, cerca o lejos, al hombre que soñó para compartir su vida.

Lo imaginaba con conciertas características particulares:
Buen mozo, atento, divertido, romántico, fiel, comprensivo, trabajador y buen amante.

Con los años fui variando las pretensiones porque, claro, entre buscar y buscar empecé a darme cuenta que era más fácil soplar la armónica y cantar al mismo tiempo, que encontrar un hombre así de completito. Fue para entonces que entendí por qué nunca hallaría mí anhelado príncipe: resultó ser ley que ciertas virtudes, dentro de las capacidades masculinas, se repelen, y por tanto son incompatibles entre sí.

A lo largo de mi vida conocí muchos hombres:

Buenos mozos, divertidos y amantes inolvidables, pero que buscaban trascender en las memorias de cuanta mujer se cruzase (con especiales tendencias hacia mis hermanas, amigas, vecinas): una sarta de infieles por vocación que, con suerte, te golpeaban poquito. Sin contar esa capacidad sobredesarrollada de conseguir todo de arriba y esquivarle al laburo con el mayor de los entusiasmos.

Conocí también hombres atentos, románticos y trabajadores, pero más aburridos que escucharse una pelea de tortugas por radio. Aquellos rotulados de “buenitos”, pero que pasada la media hora de charla, te dan ganas de dejar de fumar y empezar una vida nueva (lejos, bien lejos…).

Otros muy románticos y fieles, que después de tres meses maravillosos terminaban siendo celosos compulsivos repugnantemente inseguros. Los típicos que quieren saber si tienen la virilidad más desarrollada que algún ex, esperando la casi mecánica respuesta: “si mi amor, tu poronga es la más grande”.

Me tocó alguno que por fin era buen mozo, atento, divertido, fiel, comprensivo y trabajador, pero en las noches de encuentro sexual, tenía que esperar que se vaya de la casa para tener alguna satisfacción. Claro que era divertido variar en la creatividad artística a la hora de fingir el orgasmo. Pero al fin de cuentas, es más recomendable pagarse unas clases de teatro.

No me faltaron los simpáticos, divertidísimos. Los “macanudos” pero, además, bien parecidos (a Corky…).

En fin, ya no espero más que llegue mi príncipe azul. Ahora estoy casada con este cierto viejo verde. No creo que sea una cuestión de colores. Sin embargo, aprendí que más bien hay que optar por elegir la compañía efímera que reclame cierto momento, lugar, y el propio estado de ánimo, como quién elige una película para ver en el cine, y vuelve después a la casa a disfrutar cariñosamente de su mediocre, pero cotidiano televisor. Después de todo es bien sabido que un hombre sin cuernos, es un animal indefenso.

23 febrero 2010

Mujercitas eran las de antes...


Hace décadas atrás la definición de la mujer era bastante menos controversial que en épocas actuales. Freud a principios del siglo pasado, la definía por su carácter de castrada, y envidiosa del pene…

Gracias a la lucha de género organizada, podemos decir en la actualidad que somos algo más que eso, y que al pene poco o nada tenemos para envidiarle… Sin embargo, la epopeya de que nacimos de la costilla del hombre sigue siendo una idea común que se resiste a ser erradicada. Por eso me interesa desmitificar asuntos muy relacionados a la mujer, que nada tienen de femeninos, pero que con suerte y un poquito de imaginación, ayudan de algún modo a combatir el patriarcado.

Para empezar, podríamos traer a colación un tema muy cotidiano para algunas, de dos o tres días para otras, y hasta semanal en los casos extremos. Si hay hombres leyendo, se recomienda que se sienten porque Sí! señoras y señores… las mujeres también cagamos!.

Es difícil imaginar a ricitos de oro sentada en el inodoro echando un gran garco después de tantos platos de avena. Mucho más pensar a blancanieves haciendo un hoyo en el bosque y limpiándose con una hoja de pino. O a la bella durmiente levantando la sábana para saber a qué huele el pedo estruendoso que se acaba de mandar…

Desde pequeñas nos hacen creer que las mujeres no cagamos, y en caso de hacerlo, siempre es en pequeñas pepitas sin olor perceptible. Por supuesto que cada una de nosotras sabemos que después de los dos platos de humita, un cazuelón de cayote con nuez, y 3 empanadas picantes en la entrada, la cosa se viene bastante distinta.

Efectivamente, lejos de ser inmaculadas con olor a vainilla, las mujeres también nos echamos mesejantes cagos que nada tienen que envidiarle al que con orgullo evacua el hombre. A pesar de no tener permitido comentarlo, las mujeres bien sabemos cagarnos horrible, oloroso y en paz.

Por eso, queridas amigas, tirémonos ese pedo que nos retuerce, caguemos en el baño aunque se escuche en la habitación del lado, nos animemos a sacrificar las medias nosotras también! Que mientras mas cargo nos hacemos de lo natural, mas fácil es dejar de renegar por superficialidades.

Que así sea.