
Hace décadas atrás la definición de la mujer era bastante menos controversial que en épocas actuales. Freud a principios del siglo pasado, la definía por su carácter de castrada, y envidiosa del pene…
Gracias a la lucha de género organizada, podemos decir en la actualidad que somos algo más que eso, y que al pene poco o nada tenemos para envidiarle… Sin embargo, la epopeya de que nacimos de la costilla del hombre sigue siendo una idea común que se resiste a ser erradicada. Por eso me interesa desmitificar asuntos muy relacionados a la mujer, que nada tienen de femeninos, pero que con suerte y un poquito de imaginación, ayudan de algún modo a combatir el patriarcado.
Para empezar, podríamos traer a colación un tema muy cotidiano para algunas, de dos o tres días para otras, y hasta semanal en los casos extremos. Si hay hombres leyendo, se recomienda que se sienten porque Sí! señoras y señores… las mujeres también cagamos!.
Es difícil imaginar a ricitos de oro sentada en el inodoro echando un gran garco después de tantos platos de avena. Mucho más pensar a blancanieves haciendo un hoyo en el bosque y limpiándose con una hoja de pino. O a la bella durmiente levantando la sábana para saber a qué huele el pedo estruendoso que se acaba de mandar…
Desde pequeñas nos hacen creer que las mujeres no cagamos, y en caso de hacerlo, siempre es en pequeñas pepitas sin olor perceptible. Por supuesto que cada una de nosotras sabemos que después de los dos platos de humita, un cazuelón de cayote con nuez, y 3 empanadas picantes en la entrada, la cosa se viene bastante distinta.
Efectivamente, lejos de ser inmaculadas con olor a vainilla, las mujeres también nos echamos mesejantes cagos que nada tienen que envidiarle al que con orgullo evacua el hombre. A pesar de no tener permitido comentarlo, las mujeres bien sabemos cagarnos horrible, oloroso y en paz.
Por eso, queridas amigas, tirémonos ese pedo que nos retuerce, caguemos en el baño aunque se escuche en la habitación del lado, nos animemos a sacrificar las medias nosotras también! Que mientras mas cargo nos hacemos de lo natural, mas fácil es dejar de renegar por superficialidades.
Que así sea.
