A pesar de todo se jugaba el Mundial. La pelota “Adidas Tango” sonaba en las redes de los arcos de River Plate, Velez Sarfield (estadios que fueron remodelados por el gobierno militar), Rosario, Mar del Plata, Córdoba y Mendoza. Se monto un gran telón que no permitía ver los hechos que se llevaban a cabo los hombres de verde. El Río de La Plata era el río de la sangre, pero los papelitos mostraban un marco diferente. El régimen que había derribado al gobierno democrático hacía iniquidades en suelo argentino. Desaparecidos, campos de concentración clandestinos, militares por las calles, eran la moneda c
orriente de aquellos tiempos donde se hablaba más de los goles de Kempes que de la ESMA.Del 1 al 25 Junio se jugó el Mundial. Nuestro país terminó festejando la victoria en la final frente a la “Naranja mecánica”. Justamente la figura del equipo holandés, Johan Cruyff, se negó a jugar el Mundial por las violaciones a los derechos humanos en nuestra tierra.
La goleada sobre la mejor selección peruana de la historia, fue una muestra de que una mano negra manejaba las riendas del torneo más importante de fútbol. El arquero de Perú, Ramón Quiroga (argentino nacionalizado peruano), fue el principal sospechoso del recordado 6 a 0. Sus groseros errores, sumados a lo de su defensa, fueron la prueba de que Argentina tenía que ganar el campeonato a como dé lugar. Tan marcadas fueron las deficiencias del uno peruano, que en Brasil cuando un arquero cometía un error severo, se decía que era “Una Quiroga”.
Todos fueron testigos de que en esa época se vivían hechos fuera de lo común (o comunes en aquel contexto). El gauchito, usado de mascota, tendría que haber sido un soldadito, porque ese Mundial tuvo muy poco de nacional, fue solo una estrategia militar para mirar hacia otro lado.




